18 diciembre, 2006

A la espera de nuevas ordenes

Como habreis apreciado este año el blog no resalta por una actualizacion constante. Esto es devido a la pasividad de los profesores respecto al tema del blog, uno ni se ha atrevido ha mencionarlo y el otro hizo una breve referencia sobre el tema y hay se quedo...pero... en fin...
Seguimos a la espera de nuevas ordenes.

by: Skep

03 noviembre, 2006

Comienzo de una nueva temporada

Anuncio la reapertura de este blog, con motivo de la peticion de los profesores de Lengua y Filosofia, esperemos que este año sea igual de bueno o mejor del anterior

02 mayo, 2006

Redacción


Mi opinión sobre la clase de Ética:


Mi opinión acerca de la clase de ética es la siguiente:
Me parece que es una clase amena y divertida, porque es diferente al resto de las clases que cursamos cada día, porque es participativa, hace reflexionar sobre los temas se que exponen en las clases, te hacen ver otros enfoques de las cosas, descubres que las cosas o circunstancias según desde el punto de vista que lo mires y analizando por separado cada opinión o circunstancia las consecuencias y las reacciones pueden ser diferentes que si solo tienes un punto de vista.
Los trabajos son diferentes, desde investigar un tema o situación, que también gracias a su variedad ayudan a que cada uno se centre en el que mas le interesa, también ayuda a comprender porque se han dado esas circunstancias, hasta dar tu opinión sobre los temas mencionados. Debatirlos en clase, y llegar a una conclusión que sea lo mas real y concreta posible, teniendo en cuenta las opiniones de los demás.
También se suma el aliciente del humor, muy poco impartido en otras asignaturas, que ayuda a prestar mayor atención y a no aburrirse tanto.
También el alto numero de ejemplos y explicaciones sobre el mismo tema ayuda a que todo el mundo entienda los temas sobre el que se están tratando.

Concluyo diciendo que mi opinión acerca de la clase de ética es mejor y de lo que me esperaba en un principio y por supuesto, mucho mejor de lo que me habían contado algunos amigos y conocidos.

06 abril, 2006

Bueno...
ahora tenemos un gran periodo de tiempo para desaprovechar.
Os invito a aprovecharlo para y no estar todo el día en el sofa viendo la televisión.
Salir, quedar, o si no os gusta la idea...
¡Viva el vaguear!

28 marzo, 2006

CAMBIO DE BANDO (examen practico)


Juan estaba sentado en el banco, esperando a sus amigos como cada mañana.
A las 8´30 apareció Pedro, detrás de el llegaron: José, Luis, Ana y Armando. Todos ellos venían con cara de muy pocos amigos.
Cuando se reunieron le comentaron que porque no había ido ayer por la tarde al callejón en el que se había acordado que seria la pelea, al oír la palabra pelea recordó todas aquellas peleas sin motivo a las que había asistido. Todas solo por la dignidad del grupo, nada mas, peleas absurdas.
Entonces Pedro, que al parecer era el `cabecilla´ de la banda hizo la pregunta irremediable:
-¿Por qué Juan?
-¿Por qué, que? respondió Juan, intuyendo lo que se le venia encima.
-¿Qué por que no viniste? pregunto Pedro mal humorado.
-Porque estoy arto de vosotros, siempre haciendo lo que vosotros queréis que haga, sin dejarme opción a preguntar o intentar cambiar algo, porque quiero vivir mi vida sin tener que preocuparme de si me seguirán o no por ir con vosotros, de si me juzgaran por como soy.
¿Qué me van a seguir juzgando? ya lo se, pero por lo menos me van a juzgar tal y como soy realmente, no como queréis que sea vosotros. Acto seguido Juan se levanta y comienza a caminar en dirección a su casa.
A partir de ese día Juan empezó a comportarse de forma correcta, cuando le preguntaron a que se debía ese cambio el dijo:
- Me he dado cuenta que vivir guiado por otros es una tontería a partir de hoy actuare según mis instintos y no haré caso a ningún estúpido nunca mas.


En esta historia Juan empieza en el tercer estadio, sus amigos le dicen lo que tiene que hacer y el lo cumple para que no le digan nada, ya que su papel seria aceptar ordenes sin decir nada.
Y acaba la historia en el segundo estadio, ya que solo va a pensar por si mismo lo que le convenga.

22 enero, 2006

ESPERANZA EN UN CALLEJÓN



Era víspera de navidad, ella estaba allí sola. Se sentía como si la ciudad la hubiera condenado mediante la soledad al silencio y a la tristeza todo ello por medio del abandono.
Y fue a eso de las once menos cuarto cuando un señor cruzo el puente donde ella estaba oculta.
Al ver a este señor la chica se asusto, porque la gente no pasaba por ese puente a menos que se tratara de un asunto especial que les obligara a ir allí.
De repente este se acerco a ella, esta huyo despavorida hasta un callejón si salida.
El desconocido se seguía acercando, cuando de repente se revelo su identidad bajo la gélida luz de una farola inintencionadamente colocada hay.
Era el profesor Fernández. Apenas le reconoció pues llevaba un tiempo sin ir a la universidad.
Cuando se acerco la miro extrañado, y le dijo:
-¿Así que estas aquí Susana?.Dijo el profesor, te llevo buscando toda la semana.
-¿A mi?¿Por qué?. Pregunto ella.
-Porque me extraño que no fueras a clase, con lo cual me puse a indagar y pregunte a tus amigos acerca de ti, al no saber ninguno me preocupe. Y desde entonces te llevo buscando.
-¿Así que se dio cuenta?, pensé que nadie lo notaria.
-Pero ¿por qué?. Inquirió el profesor.
- ¿Qué por qué?, Usted no sabe lo duro que es estar en unas fechas como estas sola, recordando a toda tu familia, y de repente sentir un vació que no se puede llenar con nada.
- ¿Por que no lo dijiste?. Seguro que alguien que te hubiera acogido o ayudado, no te hubieran dejado sola en estas fechas. Yo por ejemplo te habría invitado, y si quieres te sigo invitando a pasar las navidades en mi casa, conmigo, y con toda mi familia.
-¿En serio?, ¿por qué quiere ayudarme?
- Porque entiendo lo mal que los estas pasando, y quiero ayudarte, claro si tu confías en mi. No perderás nada por venir, si no, eres libre para irte en cualquier momento. ¿Aceptas?
Tras un tiempo Susana alzo la cabeza y sonrió.

12 enero, 2006

Un cuento para estas navidades

Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies descalzos.
Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos descalzos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios".

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.

-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos.